Los dermatólogos andaluces se vuelcan con el proyecto dermatología solidaria en Malaui

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Los dermatólogos andaluces se vuelcan con el proyecto dermatología solidaria en Malaui

Sensibles, creativos, empáticos y apasionados de la dermatología son algunas de las cualidades que tienen en común estos cuatro dermatólogos andaluces que han participado en el proyecto solidario, que lidera la Dra. Cristina Galván “STOP Sarna en Malawi”, un proyecto premiado por la Fundación Piel Sana de la AEDV.

¿Cómo surge la iniciativa de sumaros al proyecto solidario de la AEDV?

 Javier Romero  (JR)  – En mi caso, en respuesta a una vocación de ayuda a los más necesitados, que existía desde siempre, pero que uno va posponiendo por los estudios, el trabajo, la familia, los niños, a veces el egoísmo. Curiosamente en un momento de estrés laboral por la lista de espera, al insertar un anuncio para buscar dermatólogos en la sección “Bolsa de trabajo” de la página de la AEDV, me topé con el anuncio de la Dra. Galván. Sin pensarlo dos veces (¡menos mal que no lo hice!) lo hablé con mi mujer y me lié la manta a la cabeza.

El Dr. Romero cargando con maleta llena de medicamentos.

Iñigo Navarro (IN)  – Participar en proyectos de cooperación fue uno de los motivos por los que decidí estudiar Medicina, así que cuando me enteré de que existía el proyecto de Malaui no dude en ofrecerme a participar.

 

Magdalena de Troya (MdT) Una amiga dermatóloga, la Dra. María Victoria de Gálvez, me alertó de que el proyecto #StopSarna estaba buscando dermatólogos para montar su tercera expedición a Malaui, y me lanzó la propuesta de que nos alistáramos. Minutos después ya no podía pensar en otra cosa, la fecha había alcanzado el blanco de mi corazón.

 

María Victoria de Gálvez (MVdG)  –  Leí un anuncio en la página web de la AEDV en la que se solicitaban dermatólogos para el proyecto Stop Sarna. Miré las fechas, era factible y sentí que había llegado el momento de realizar un voluntariado, una inquietud personal que tenía desde que era estudiante de medicina. Avisé a Magdalena de Troya y me contestó literalmente “me ha dado un vuelco el corazón”, ya no había marcha atrás… ese mismo día iniciamos el contacto con los responsables del proyecto para alistarnos.

 

¿En qué ha consistido el proyecto Stop Sarna para vosotros?

 

JR – Ha sido un ambicioso proyecto de screening de una población concreta. Pero no un pueblito. Nada menos que un área de 30000 habitantes en la zona de Benga, en Malaui. Un trabajo que habría sido titánico en nuestro ámbito, se puede decir que allí ha sido heroico. Grupos de 12 dermatólogos, divididos en grupos de 2, explorábamos y tratábamos escuelas de hasta 1000 niños, uno a uno. Y cuando terminábamos, maleta de medicamentos en ristre, tamizábamos la sábana , bajo un sol abrasador, en busca de los familiares de esos niños, que viven en pequeños poblados diseminados por una gran zona rural.

 

IN – Ha consistido en recorrer toda la zona de un área geográfica concreta de Malaui (área de Benga), que consta de unos 30000 habitantes. Intentamos llegar a toda su población yendo casa por casa y escuela por escuela, realizando un screening masivo de la población y tratando a todos los casos y contacto de sarna. Este proceso se ha repetido varias veces con el objetivo de reducir la carga de la enfermedad en la población.

El Dr, Navarro explora a unos pacientes

MdT –  El proyecto tenía como objetivo acometer una epidemia de sarna detectada en el distrito de Nkotakota en campañas previas. Nuestro trabajo consistía en visitar las escuelas y los poblados del área diana, chequeando uno a uno a todos sus habitantes, facilitándoleles tratamiento específico tanto a los casos positivos detectados y como a sus contactos.  

 

MVdG – El proyecto trataba de erradicar una epidemia de sarna que se había detectado en una zona de Malawi de aproximadamente 300.000 habitantes. Antes de que nuestro grupo se incorporase al proyecto se habían realizado dos expediciones previas a la zona en las que se había chequeado y tratado a los positivos y a sus familiares. Nuestro grupo cerraba el proyecto visitando durante dos semanas los colegios y los poblados de la zona afectada detectando y tratando a los pacientes de sarna y la última semana atendíamos a pacientes en tres pequeños hospitales, tanto con sarna como con otras afecciones dermatológicas.

 

¿Qué se ha conseguido desde que comenzó el proyecto?

 

JR – El avance ha sido enorme. Además de la oportunidad de tratar múltiples casos no relacionados con la sarna, se puede decir que se ha conseguido controlar una situación epidémica. A partir del 2º viaje ya se objetivó una disminución en la gravedad de los casos, aunque el análisis de datos no indicaba una reducción en el número de casos. Probablemente por cierta tendencia al sobre diagnóstico, debido a las  lesiones residuales y a un efecto llamada de casos que iban conociendo nuestra presencia en el terreno. Sin embargo, el análisis de datos del último viaje ya mostraba una drástica reducción de la incidencia de sarna en el área de Benga.

El Dr. Romero pone un medicamento en crema a un niño

IN – En términos numéricos, se ha reducido drásticamente la prevalencia de sarna (desde el 17,2 al 2,4%). En términos un poco más humanos, creo que, a través del proyecto, se consigue llegar a gente de un lugar muy pobre y que generalmente queda excluida de cualquier tipo de apoyo por parte de su gobierno o de cualquier organización. Poder contribuir a reducir el sufrimiento que se deriva de la enfermedad en estas personas (por el prurito que interfiere con el sueño, el estigma social que supone, las complicaciones secundarias de la enfermedad, etcétera.) supone una gran satisfacción y un gran orgullo.

 

MdT – La intervención ha resultado francamente eficaz, logrando reducir la prevalencia de la enfermedad de un 17% a un 3%, según los datos que nos ha facilitado la líder del proyecto, la Dra. Cristina Galván.

 

MVdG – Los resultados han sido muy positivos ya que se ha conseguido erradicar la epidemia de sarna en la zona atendida además de realizar numeroso tratamientos a pacientes con diferentes dermatosis (úlceras, micosis, infecciones bacterianas,…).

 

¿Qué más se puede hacer en estos países con proyectos de dermatología solidaria como en el que habéis participado?

 

JR – ¿Qué más? Todo. En países sin agua corriente, sin luz eléctrica, sin saneamiento, mínimas infraestructuras de transporte y, por supuesto, incapacidad para acceder a la sanidad, cualquier mínima ayuda es bienvenida. El simple hecho de colocarte en el terreno te abre los ojos a muchas necesidades. Y sólo ese es el camino para poder saber qué más se puede hacer. Animo a todo el mundo a desplazarse hasta allí, en proyectos solidarios o no, simplemente para abrirse los ojos a una realidad ignorada en Europa. No por desconocimiento, todos hemos leído los periódicos, u oído a alguien que ha estado allí, si no por un falta de empatía hacia algo que queda muy lejano.

IN – Concretamente en Malaui hay una gran prevalencia de enfermedades cutáneas desatendidas y, de hecho, el proyecto se va diversificando para poder dar cabida a cada vez más pacientes. Se está realizando un estudio sobre la etiología de las úlceras “tropicales” de la región, se va a realizar un viaje en verano desde una perspectiva más quirúrgica de cara a tratar tumores cutáneos (especialmente dirigida a enfermos de xeroderma pigmentoso, albinismo, etcétera). Además, la lepra sigue teniendo una importante incidencia allí y es otro campo en el que quizás se pueda hacer algo más en el futuro.

 

MdT –  En mejoras en salud, en Malaui está todo por hacer. La dermatología es un servicio prácticamente inaccesible (el distrito de Nkotakota, con más de 300.000 habitantes censados, cuenta tan solo con una dermatóloga de referencia para toda la población). Cualquier ayuda es necesaria.

La Dra. Magdalena de Troya junto con una paciente.

MVdG – Se puede actuar en todos los ámbitos de la dermatología ya que existen muchas carencias. Los poblados que hemos visitado no tienen agua ni electricidad y el acceso a la sanidad es muy limitado y no hay personal cualificado para atender a la población.

 

¿Qué ha sido lo que más os ha impactado y con qué experiencia o recuerdo os quedáis?

 

JR – Desplazarte por el territorio, llamando a la puerta de casa en casa (es un decir, nadie vive dentro de las casas en África), te permite conocer situaciones individuales a las que jamás habrías llegado de otra manera. Recuerdo especialmente explorar a una familia, junto con mi compañera Alejandra, y cuando ya nos íbamos, nos pidieron que viésemos a la hija de 14 años, Irene,  que estaba enferma desde hacía unos 3 meses y estaba dentro de la casa. Al entrar en la choza, un olor nauseabundo nos abofeteó al entrar y, bajo unas mantas sucias y cubiertas de moscas, pudimos ver el horror de una niña demacrada, con úlceras en las piernas dejando al descubierto el trocánter mayor del fémur. La  familia no había podido llevarla a ningún hospital. Tanto mi compañera como yo no pudimos hacer más que consolar y rezar. Aquella noche, comentamos el caso con el grupo buscando opciones para paliar la situación. Sin embargo, a la mañana siguiente, nos despertamos con la noticia de su fallecimiento. Un familiar había caminado varias horas para notificárnoslo.

 

IN – Lo que más me impactó fue el hecho de que los habitantes de la zona (incluida la población pediátrica), por falta de medios, llegaran a fallecer en algunos casos por enfermedades a priori curables como la malaria o determinadas úlceras. Me quedo con la amabilidad de la gente que, pese a las penurias, siempre nos recibía con una sonrisa.

 

MdT –  La pobreza fue el aspecto que más me impresionó de inicio. Sin embargo, posteriormente me dejé cautivar por la alegría que trasmitían sus gentes, su capacidad de afrontar los problemas, su ingenio y sus ganar de progresar. Cuánta vida hay en esta Tierra magnífica.

 

MVdG – Lo que más me ha impactado es la cantidad de niños y la felicidad que transmiten. Es un mundo diferente al nuestro, muy pobre pero muy vivo. El concepto de la vivienda es completamente diferente; sus casas son un techo para dormir, no hay armarios, ni baños ni mesas, ningún mueble y su vida la realizan en el exterior, justamente al contrario que nosotros que intentamos que nuestras casas sean muy confortables para disfrutarla y quedarnos dentro lo cual nos lleva al aislamiento.

 

¿Por qué animaríais a los dermatólogos a que se sumaran a iniciativas como éstas?

 

JR – A veces pensamos que los dermatólogos no pintamos nada en proyectos solidarios porque no salvamos vidas. Y puede que sea cierto. Sin embargo sí nos sentimos felices en España yendo cada mañana a trabajar para ayudar a los demás, mejorar la vida de la gente y solucionarle sus problemas con nuestra mejor manera de hacer medicina. ¿Pues por qué no lo hacemos también en proyectos solidarios? ¿Por qué no crear una marea de especialistas que vayan a mejorar la vida de los más pobres? Todo ayuda. Los proyectos dan trabajo a los nativos. Las compras que hacemos allí generan riqueza. Los vuelos ayudan a  abaratar los precios de los viajes y mejorar las comunicaciones. Y las relaciones humanas enriquecen a unos y a otros.

 

IN –  Creo que desde la dermatología se puede hacer mucho en estos países, tanto del punto de vista médico, por la alta prevalencia de infecciones cutáneas que sufren estas comunidades, como del quirúrgico. Considero que desde el punto de vista personal también nos aporta mucho trabajar con patología tropical a la que generalmente no nos enfrentamos en nuestra práctica clínica y con unos medios más limitados a los que estamos acostumbrados.

 

MdT –  A los más jóvenes les diría que se trata de una experiencia de aprendizaje inigualable. Ni la mejor de las rotaciones en el hospital más prestigioso del mundo, les va a aportar los conocimientos y los valores que les aporta una cooperación internacional. A los más maduros, les diría que es una cuestión urgente, que no se pueden retirar de la profesión sin vivir una experiencia como ésta.

 

MVdG – Creo que la mayoría de los médicos llevamos dentro la inquietud del voluntariado y que por diversos motivos no se ha podido realizar (preparación de MIR, trabajo, familia,…) pero siempre va a haber una oportunidad y es muy gratificante porque aportas lo que sabes hacer en un mundo muy necesitado aunque sin duda recibes más de lo que das.

La Dra. de Gálvez evalúa la piel de un paciente.

¿Próximo destino para contribuir con la dermatología solidaria?

 

JR – ¡MALAUI! Después de Stop Sarna seguimos con el Proyecto dermatológico de la Dra. Cristina Galván. A final de Julio 4 personas desarrollaremos un primer proyecto quirúrgico (cruzamos los dedos para que todo salga bien). Me alegra tremendamente haber podido embarcar en el proyecto a mi mujer, Isabel Medina, también dermatóloga. Llevarla conmigo es una muestra del entusiasmo que genera África y que te hace intentar arrastrar a los que más quieres. También viene Alejandra, mi equipo del proyecto Stop Sarna, del que surgió una gran amistad. Y por último Pedro Redondo, entusiasmado con el proyecto y nuestra garantía de éxito ante cualquier problema quirúrgico.

 

IN – Es difícil de responder. Estoy seguro de que en el resto de África hay gente afecta de enfermedades cutáneas a la que podríamos ayudar.

 

MTM-  ¡Quién sabe! Donde el corazón nos arrastre.

 

MVdG – No se aún el país ni la fecha pero sin duda repetiré.

 

 La dermatología solidaria para vosotros es …

 

JR- Patrones bellísimos en pieles vírgenes. La poesía de la dermatología.

IN – Probablemente el campo más gratificante de la dermatología.

MTM –La esencia de la vocación médica.

MVdG – Es ser médico en esencia; sin burocracia, muchas veces sin métodos diagnósticos, sin otros especialistas, sin los tratamientos habituales pero intentando darlo todo como profesional y como persona.

 

 

 

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El Dr. Javier Romero Gómez, es co-jefe de Servicio del Hospital QuirónSalud Málaga desde 2009. Previamente estuvo trabajando en el Hospital Costa del Sol de Marbella y es miembro del grupo español de Dermatología Pediátrica y de Micología. Está casado con la dermatóloga Isabel Medina Baquerizo y tienen tres hijos en común.

 

El Dr. Íñigo Navarro también es malagueño, aunque en la actualidad ejerce como residente en el área de Dermatología en el Hospital Valdecilla (Santander). Miembro de la AEDV.

 

La Dra. Magdalena de Troya, es jefa de dermatología de la Agencia Sanitaria Costa del Sol, es directora de la campaña de fotoprotección “Disfruta del Sol, sin dejarte la piel” que desde hace más de 10 años trabaja en la Costa del Sol Occidental. Además es coordinadora del proyecto “Convive con el Sol” de la Fundación Piel Sana de la AEDV.

 

La Dra. María Victoria de Gálvez, es profesora titular de Dermatología de la Universidad de Málaga. Es miembro del Grupo Español de Fotobiología de la AEDV, entre sus pasiones se encuentra la música.